La realidad tiene estructura de ficción. Días, horas, minutos, no son más que
engranajes de un mecanismo que nos distrae, imponiéndonos su cronología del
deber, distorsionando nuestra percepción del mundo y del valor de la vida.
Hasta que un día inesperadamente, un disparo estremece nuestro ser,
abriéndonos las puertas de un lugar sin tiempo, estimulándonos a observar
los espacios de nuestra mente |
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invitándonos a transitar por senderos llenos
de preguntas, mostrándonos las sutilezas de la percepción y las numerosas
caras de nuestra mente. Revelándose como la base universal de la experiencia
creadora tanto de felicidad como de sufrimiento; estimulándonos a buscar entre
la niebla las respuestas que marcaran nuestro camino. |